Tu sillón favorito, tus fotos de infancia, tus discos, el vendedor de periódicos de la esquina, ese vecino gruñón, la luz, tus amigos… Todas esas pequeñas cosas desaparecen de tu vida cuando te conviertes en un refugiado. Por eso escuchar a una madre decir 'SÍ' cuando su hijo pregunta si ésta es ahora su casa te hacer ser consciente de la importancia de hacer bien nuestro trabajo.
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